sábado, 3 de septiembre de 2011

Algo de artista.

Para ser un buen artista, creo no basta tener una mano sutil, de destreza incomparable, donde la delicadeza los dedos se funda con la maestría de los siglos pasados y dejar al pincel olvidado después de terminada una obra, como si ella fuese hecha nada más que con los ojos.
Confieso que siento mayor agrado por aquellos artistas que llevan su cuerpo a la tela, no su imagen sino los gestos que de él se desprendan. Que dancen, y a cada movimiento arrojen sobre la tela, no una mancha, sino el mismo ímpetu de la vida. O en todo caso que con las más extravagantes posiciones se puedan acercar a matices inesperados, colores que surjan del placer, del éxtasis o del estrés. Pasión extrema, Sensualidad sobre la tela para al final rendirse a suspiros. Y en última instancia, solo desplomarse frente a ella, aguardando, como vegetando, a que con agónicas fuerzas, con la ultima noción de razón, realizar unas pocas pinceladas, venciendo al suplicio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario