Caí en
el olvido de quien soy con mis exhaustos brazos sobre tus pechos,
Perdiéndome en los sueños de nuestra pasión,
Pero tú, transpirando el anhelo a consolarte,
Lujuria;
Me
incitaste a codiciarte, angustiando a mi cuerpo,
Te me has hecho ansiedad.
Me sometiste a desfallecer en tu furor,
Torpe… Incrédulo… inocente…
Quería no entender tu capricho.
¡Me acercaste al suplicio con sutiles placeres!
Realizando tus fantasías me dejaste manso, dócil,
Disciplinado…
¿¡Casto!?
Satisfaciéndote has envenenado mi alma,
Con tu soberbia. Contemplada. Depravada.
¡Eres ahora, la que pervierte mi vida,
Eres cruel dogma,
Mí credo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario